Como si de un mal sueño se tratase,
seguí hacia abajo los escalones del exilio.
Con los ojos vendados y las manos atadas,
y mi propia vergüenza, que me servía de
abrigo.
Tropecé con la firmeza de mis pasos,
me caí de la montura de mi fe,
me solté de las riendas de mi fuerza,
me apresaron las garras del poder.
¿Qué me queda sino alzar el vuelo otra vez?
Forjaré de mis lágrimas un puñal de hielo,
doblegaré, pues, mis rodillas ante ti
y te rogaré que apagues de mi alma este
fuego.
Only hate the road when you're missing home.
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