Qué difícil es abrir los ojos y mirar,
acostarse y dormir tranquilo;
y soñar
Qué duro es despertarse sin alma,
o con ella, enrojecida por el vino.
No quiero sentir que se agota el tiempo,
que se desgastan las horas,
y el reloj.
Lejos de mí esté perder el alma
y no poder decirles adiós.
¿Por qué se acerca a mí sin llamarle?
¡Que se vaya así como vino:
de repente!
Esconderé de su azufre a mi alma,
me refugiaré en las alturas contigo.
¡Que alguien le diga a mi Rey
que me acorraló el caballo en el rincón,
y el alfil,
que ya me ha quitado a mi reina,
me ha dejado el alma de peón.
Perderme a mí.
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