viernes, 19 de julio de 2013

Alma de peón

Qué difícil es abrir los ojos y mirar,
acostarse y dormir tranquilo;
y soñar
Qué duro es despertarse sin alma,
o con ella, enrojecida por el vino.

No quiero sentir que se agota el tiempo,
que se desgastan las horas,
y el reloj.
Lejos de mí esté perder el alma
y no poder decirles adiós.

¿Por qué se acerca a mí sin llamarle?
¡Que se vaya así como vino:
de repente!
Esconderé de su azufre a mi alma,
me refugiaré en las alturas contigo.

¡Que alguien le diga a mi Rey
que me acorraló el caballo en el rincón,
y el alfil,
que ya me ha quitado a mi reina,
me ha dejado el alma de peón.



Perderme a mí.









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