Inclinó el cuello y observó
De cerca las vías del tranvía,
Miró a su derecha y le sonrió
A un chico, que sin que lo
Supiera ya le sonreía.
Se lo pensó un minuto,
Y decidió dejar de ser niño
Para actuar como un adulto,
Le pidió su teléfono y le dio
Un empujón a su destino.
Quedaron un martes en el café
De la Facultad de Economía,
En la mesa donde ya lo
Había visto alguna vez
Al mediodía, mientras comía.
Ahora su compañía era él,
Ahora era suya la oportunidad
De por fin morder la felicidad.
En verano, serían dos almas
Que caminarían de la mano,
No tendrían calor que apagar,
Ni sudor sin refrescar,
Ni trozo de piel sin caricia.
Solo serían dos manillas del reloj
Que se dejan sorprender por la prisa.
Inclinó el cuello y observó
De cerca las vías del tranvía,
Miró a su derecha y le sonrió
A un chico, que sin que lo
Supiera ya le sonreía.
Se lo pensó un minuto
Y decidió dejar pasar el tren
Que quizá le habría cambiado la vida.
Hace tiempo que te observo.