Me llegaste sin llegarme como espectro de
madrugada.
Yo no te imaginaba pero te soñaba ya sin darme cuenta,
No te me vayas ahora como se le fue a Adán el paraíso
Y haré de mi sombra tu piel, y de mis brazos, tus cometas.
Me recordabas a la noche, con tu pelo negro y endiablado,
Y quería hacerte mi Bucéfalo, mi belicoso compañero,
Mirar la oscuridad en el fondo de tus ojos
Y desvestirte los miedos para probar tu amor incierto.
Que me dieras el ébano refinado de tu barbilla
Y el carbón de tus más obscenos escondites.
Comería el tizón que te arde bajo la lengua
Y me bañaría en tus cenizas y me sanarían las cicatrices.