Por donde pasan mis pies crecen espinos,
la música me alegra y me atormenta después.
Vivo deprisa y me pregunto ¿para qué?
Se hace de noche, y en el bar de la esquina,
quiero bailar y no encuentro con quién.
En un vaso oscuro que olía a whisky y
libertad,
vi mi reflejo que me recordó a los espectros,
aquellos que no tienen, sino que son cuerpos,
que se mueven por instintos como los
salvajes,
que no pueden estar vivos ni quieren estar
muertos.
Y mil puñaladas escondidas en todos mis besos.