Se quedó dormido mi escudero y perdí el rumbo
en la campaña.
Se me acabaron las flechas y no pude luchar
en la batalla.
Dudé un pequeño instante y me caí de mi
caballo.
Me apoyé en el suelo y se hicieron polvo mis
manos.
Volví atrás mi mirada y el enemigo halló mi
punto débil.
Quise honrar mi palabra y mi obra quedó en la
tesis.
Perdí el norte y el cobijo caluroso de tus
alas.
Lo que vale una promesa lo aprenderé por las
malas.
Mi impiedad nubla hoy el cielo y cubre el sol
con agonía.
Las lágrimas que no lloro las llueven las
nubes cada día.
Endechados y sepultados son ya todos mis
votos
y cubre Tánatos vengativo mi alma de
despojos.
No es para tanto lo que pido.
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