Nos conocimos y hablamos unas dos horas
A través de las ondas que recorren el espacio
Elegí con cautela hasta mi ropa interior
Por si él quería ir más deprisa
Sin pensar creé una imagen de él;
Creí una imagen de mí.
Y las sumas se hacían restando.
Y me quedé un rato mirando el agua podrida
Que bañaba el lujo de mi tierra adoptiva
Fueron dos minutos que pasaron como milenios
Entonces le reconocí
Le estreché la mano.
Un caballero de San Jorge tan cerca, que venía desde
tan lejos.
Aún hoy no sé cuántas horas pasaron,
Ni cuántos minutos nos estuvimos mirando
Antes de que se estrellara la noche contra la
realidad
Antes de que estalláramos en piezas de un puzzle
sin solución
Lo que yo le di lo sentí, cada segundo
Lo que él me dio no era más que caridad
Empezó. Cogió carrerilla mi corazón.
Clavé mis uñas en la seda de sus nudillos,
Me hizo recostar sobre madera fina
Con qué facilidad la puso a arder...
Y se hizo el vapor, entre velas y vino...
Empecé.
Una boda en Hawaii.
Una casa en Nueva York
Dos perros: Ramsay y Sirius.
Dos niños: Nathan y Aarón
Una vida juntos, en un barco y Viña Sol
Cientos de fotografías
Tarjetas de embarque
Un Rolex sin manillas
Barbacoas en familia
Dedicarle mi libro a él
Enseñarle mi gente y mi tierra
Entregarnos al vaivén del agua de cristal.
Pero se disolvió el humo como la fiesta en un
temblor
Y me pregunté ¿qué tal si lo saco a bailar?
Eché la vista hacia un lado y él había acabado.
Se me llenaron los ojos de lágrimas porque yo
acababa de empezar.