Ya
no me calientan ni las ramas de los árboles ajenos,
¿Por qué no se puede hacer leña del roble de tu tez?
Y no me queda más que conformarme con las cenizas
Que me queman las manos y me cicatrizan a la vez.
Me alegra acabar esta fábula sin aprender una moraleja
Y no tener nada que llorar ni nada que celebrar.
Porque esta vez seré yo quien se vista de noche y viento
Quien no dejará ni una nota o una lágrima en su lugar.
Seré uno más de los que se cortaron con tus trucos de juglar,
De los que se encerraban a escribirte promesas de amor infinito,
De los que exorcizaron lo negro de la vergüenza para saludarte,
De los que se perdieron pero sin perderse contigo.
Y cada vez que golpee una gota contra mi infantil ventana
O que me acaricie el astro rey con sus rayos amarillos y rojos,
Dejaré una flor para que se marchite y se muera en el ático
Por cada vez que soñé con verme en el verde de tus ojos.
¿Por qué no se puede hacer leña del roble de tu tez?
Y no me queda más que conformarme con las cenizas
Que me queman las manos y me cicatrizan a la vez.
Me alegra acabar esta fábula sin aprender una moraleja
Y no tener nada que llorar ni nada que celebrar.
Porque esta vez seré yo quien se vista de noche y viento
Quien no dejará ni una nota o una lágrima en su lugar.
Seré uno más de los que se cortaron con tus trucos de juglar,
De los que se encerraban a escribirte promesas de amor infinito,
De los que exorcizaron lo negro de la vergüenza para saludarte,
De los que se perdieron pero sin perderse contigo.
Y cada vez que golpee una gota contra mi infantil ventana
O que me acaricie el astro rey con sus rayos amarillos y rojos,
Dejaré una flor para que se marchite y se muera en el ático
Por cada vez que soñé con verme en el verde de tus ojos.