Dijiste “voy a luchar” y te marchas sin
armadura ni espada.
Olvidaste tus promesas, las ignoraste como
aquel que oye llover.
Será verdad que mucho de cualquier cosa puede
enloquecerte,
que una silla vacía puede hacer que odies el
atardecer.
Aunque te escucho atento me cuesta creerte.
¿Podrás huir del que escudriña alma y mente?
No dejes que las aves te impidan mirar al
cielo,
no permitas que piratas te arrebaten tu
tesoro.
¿Quitarás las piedras que te allanan el
camino?
No te salgas de la senda y me dejes corriendo
solo.
¿Por una mala cosecha estropearás todo el
vino?
¿Volverás a pensar como pensaría cualquier
niño?
Tu naturaleza indómita te ha llevado hasta
ese abismo.
Ahora, desde ahí, atrévete a responderme:
¿Quién te perdonó y de ruina te levantó?
¿Quién me trajo a ti y me dejó conocerte?
¿Puedo saber por qué has perdido la razón?
Dime entonces por qué has dejado tu primer
amor.