miércoles, 24 de abril de 2013

Historias del melocotón IV: La calma


Fuiste esa gota de gasolina que regó mi árbol.
Como esa plancha de hierro que abonó mi campo.
Fuiste esa daga de acero que acarició mi rostro.
Esa pluma de ave que despertaba al monstruo.

Fuiste el trozo de pan que sació al gigante.
Ese dedo de infante que elevó al elefante.
Como el pecado del santo que lo llevó al Paraíso.
Aquella deuda impagable que me llegó sin aviso.

Fui el joven jinete que cabalgó bajo el agua.
Un Petrarca cobarde que maldecía a su Laura
Un reloj que acelera el tiempo sin agujas.
Una historia donde la buena por fin era la bruja.

Fuimos perros rapaces amigos incondicionales.
Como hiena y antílope, compañeros ideales.
Fuiste la gran roca y yo el pequeño saltamontes.
Yo tuve que ser Orfeo y tú tenías que ser Caronte.

Tu ausencia ahora es ungüento para mi alma.
La prueba de que tras la tormenta al fin llega la calma.
Una historia más que concluyo ahora sin rencor.
Punto y final para esta historia del melocotón.




Me quedé allí. Sentado en el banco




El blog descansa hasta junio, quizá hasta ya entrado el verano. ¡Muchas gracias melocotoneros!

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