Me acuerdo del día en que compré el terreno,
Ese que hoy me mira extrañado y con algo de ira;
Donde hube encontrado antaño un tesoro,
Una urna de oro, un papel y el secreto de la vida.
¿De qué me va servir tanta tierra, polvo y barro?
Te cambiaré esta hacienda por el mejor de tus vinos.
Entonces entendí por fin el mito de Jacob y Esaú;
El valor de las cosas, antes de haberlas perdido.
¡Pero qué difícil es disfrutar del tesoro sin gastarlo!
¡Ojalá admirasen todos mi fortuna sin desearme mal!
Sí, porque ellos fundirán la urna y harán monedas,
Romperán el papel, si es que no lo pueden enmarcar.
Y del secreto de la vida muy pocos querrán oír.
Y a nuestra conciencia ninguno querrá escuchar;
Ella se queda, cuando llegue el momento de partir;
Ella se va contigo, cuando tú la quieras dejar.
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