Abro la ventana que es el
arrepentimiento,
déjame arrojar por ella mis
secretos,
elévame como el niño que no
quiere crecer…
Quiero un nuevo corazón, como el
día en que llegué.
Saltaré.
Agárrame cuando esté cayendo.
Y llévame al principio de los
tiempos.
Compadécete del necio que no
quiere creer.
Revive estos huesos secos, hazlos
andar otra vez.
Sé mi ayuda si ves que me acerco
al suelo.
Por si acaso, seguiré soñando
hasta morir.
Y si mi cuerpo no muere, entonces
volveré a perder.
Porque la misericordia me
impulsará a seguir.
Seguiré fallando y decidiré
saltar.
Saltaré de nuevo y tú me
salvarás.
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