Te
miro de refilón las mañanas que me siento más valiente
Y
espero, como un iluso, que me devuelvas la mirada.
Es
absurdo ver pasar las oportunidades frente a mi cara
Y
elegir dejar que otro te abrigue de noche
Mientras
te imagino riéndote conmigo,
Recorriendo
Andalucía en algún coche
Y quedándome dormido sobre tu ombligo.
Te
escucho con atención cuando alzas alegre tu voz
Y
me tranquiliza que no me estés hablando a mí
Porque
de otra forma nunca sabría qué te iría a decir.
Si
sería capaz de sacarte una sonrisa,
De
darte todo lo que esperas de un hombre,
Si
les caería bien a todas tus amigas...
Si
solo supiera qué piensas al oír mi nombre...
Y
justamente esto es lo más grande que me verás hacer,
Porque
Dios no me dio otro don que el de las palabras,
Pero
no aquellas que se escuchan porque las hablas,
Sino
que me dio éstas, que se leen como epitafios,
Dedicados
a las confesiones que no podré hacer,
Los
sentimientos que suelo matar a navajazos,
Y toda esta valentía que se queda en el papel.
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