En mi juventud, me enamoré de unas damas
Siempre puntales, precisas, sabias y exactas.
Ellas hacían que mi tiempo fuera rápido.
Con ellas, hasta el escritorio más frío se hacía
cálido.
No estar a su altura era lo que más temía.
Fracasar con ellas, quizá mi peor pesadilla.
Las amaba porque eran abstractas, puras y complejas.
Siempre tan racionales, bellas y perfectas.
Hoy me siento como si hubiera terminado un libro.
Ese vacío que nada nunca podrá llenar.
Esas damas se marchan para no volver,
Y aunque quizá ni tan solo sean personas,
Son otro amor más que me abandona...
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