Esa mañana me desperté con ganas de ti,
Y las ganas se convirtieron en hambre.
Tenía miedo de parecer desesperado
Y sin pensarlo dos veces, trepé hasta tu tejado.
Desde el tejado te observé hasta el atardecer,
Y sin querer, me entró sed de tus mejillas.
Tenía miedo de parecer desorientado,
Y sin pensarlo dos veces, bajé a pisar tu prado.
Allí estabas tú en medio de un profundo pensamiento,
Y sin pensarlo me acerqué a acariciar tu espalda.
Tenía miedo de parecer enamorado,
Y cuando miré al techo, ya me había despertado.
¡Que nos separen, que lo intenten!
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