Ese día me besaste y empecé a flotar,
Porque tú siempre fuiste el viento.
Y qué bien se sentía… caer para ti,
Caer frente a ti,
Caer a tu lado,
Entre los naranjos que espiaban nuestra piel,
Y los rayos del sol que llegaban… tímidos.
Fuimos oro líquido sobre una balanza.
Me rozó el sándalo entre tus piernas,
Pues tú fuiste desde el día cero más que viento,
La inmensidad entre la virgen y el escorpión,
El instante que te dejó de piedra…
Vuélveme a besar de la misma manera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario