Me
rindo a este vaivén, al incienso de la casa embrujada.
Ríndete tú también y entrégamelo todo.
Que entre nosotros y el todo, me quedo con la nada.
Y entre el sol y esta playa, quien más grita es tu mirada.
Te reconozco que me quedé sólo bastantes inviernos.
Reconóceme tú el abandono del olvido.
Que se me suben a la cabeza los años sin vernos.
Y sueño con el día en que volvamos a conocernos.
Pausas.
Líneas que rompen mi rima. Mi consonancia.
Ahora se eleva mi espíritu...
Pero se atasca entre tus ramas.
Envidio el ritmo frenético y la frescura de tu terquedad.
Esas canciones que resucitan con imprudencia tu olor.
Ay quién me trajera de vuelta esa seriedad del primer día…
Y ese noviembre en que del cielo caía agua fría.
Pausas.
Líneas que rompen mi rima. Mi consonancia.
Ahora cae mi espíritu.
Se consume entre tus brasas.
Y me despido del niño que cumplió diecisiete,
Aunque se fuera sin decir adiós.
Porque durante un microsegundo tú y yo fuimos menos que dos
Y ahora que estoy solo he comprendido cómo se siente.
Ríndete tú también y entrégamelo todo.
Que entre nosotros y el todo, me quedo con la nada.
Y entre el sol y esta playa, quien más grita es tu mirada.
Te reconozco que me quedé sólo bastantes inviernos.
Reconóceme tú el abandono del olvido.
Que se me suben a la cabeza los años sin vernos.
Y sueño con el día en que volvamos a conocernos.
Pausas.
Líneas que rompen mi rima. Mi consonancia.
Ahora se eleva mi espíritu...
Pero se atasca entre tus ramas.
Envidio el ritmo frenético y la frescura de tu terquedad.
Esas canciones que resucitan con imprudencia tu olor.
Ay quién me trajera de vuelta esa seriedad del primer día…
Y ese noviembre en que del cielo caía agua fría.
Pausas.
Líneas que rompen mi rima. Mi consonancia.
Ahora cae mi espíritu.
Se consume entre tus brasas.
Y me despido del niño que cumplió diecisiete,
Aunque se fuera sin decir adiós.
Porque durante un microsegundo tú y yo fuimos menos que dos
Y ahora que estoy solo he comprendido cómo se siente.
AHORA.
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