Duró al final una pista el baile de mi vida
El espacio que hay entre un día y otro
El tiempo justo para vivir en tus ojos
Para echarte de menos al menos cien veces
Y perseguir esos ojos verdes de demonio.
Se calló nuestra canción como muñeca de
trapo
En manos de este lacónico titiritero
Y como papel de fumar me quemé en tu mechero
Y te hice en mi cuarto una estatua de sal
Para dejarte de poema en mi tintero.
Pasaron rápidos nuestros compases
Entre el ruido que hacían nuestros pasados
Y se arrastraban nuestros corazones cansados
Hasta unas vías que llevaban al jamás
Y olían a incienso y a humo de disparos.
Susurraste un no te quiero casi sin conocernos
Y te tragaste la luna que habías desnudado
Me dividiste, me restaste, me robaste la
vida
Tiraste a la basura los días que te había
regalado
Y mientras bailábamos de reojo tú mirabas
A aquel que primero te había robado tus sonrisas
Entonces entendí que todo había sido en vano
Olvidé que alguna vez te había conocido
Que nos enredábamos en besos desesperados
Que eras la otra parte que mi alma buscaba ansiosa
Y olvidé que alguna vez habíamos bailado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario