La risa solía ser mi estrella de la mañana.
La música era entonces mi timón y mi guía.
La esperanza, mi ancla, que no me dejaba naufragar.
Ahora me queda este madero, en medio del inmenso mar.
Parecía que mi botella iba a llegar a tu playa,
Pero se quedó atascada entre sus rocas.
Me lancé a nadar, sin volver la vista atrás,
Extendí mi mano, y tú me dejaste ahogar.
Ojalá mi voz suene en el futuro y sirva de lección
A todos los que se embarcan en un ‘te quiero’ sin saber
nadar,
Que se preparen para ser usados de cualquier forma,
Para que a partir de ahora no confíen ni en su propia
sombra.
Valor. Para empezar.

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