jueves, 10 de mayo de 2012

La sangre que tiñó mi traje


La sangre que tiñó mi traje
Se perdió en tu esmalte iridiscente.
Yo adiviné tus frías intenciones
Que ocultabas entre la voz de la gente.

El humo que cegó mis ojos
Venía de ti pero no eras convincente.
Nunca dijiste una palabra
Por ser paciente o no ser valiente.

Te distinguía desde la esquina
Y con rapidez esquivabas mis saetas.
Yo recibía las tuyas y debo confesarte
Que fue besarte una de mis metas.

Nos olvidaremos como los viajeros del metro.
Nos volveremos a ver una noche de sábado.
Me preguntarás a quién espero en aquel lugar.
Te responderé que sólo te espero a ti un día más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario