
Encadenado al olvido
Te tiré por el precipicio.
Te tiré sin hacer ruido
Y bendije mi buena suerte.
¿Aún te crees tan fuerte?
Sólo cruzabas un puente
Y te sorprendió la muerte.
Y de tu cuerpo me deshice.
En el mar busqué tus restos
Con tus huesos a la sal ya expuestos
Los enterré en un camposanto,
Donde no son, para los amores nuestros,
Más que delirio, odio y espanto.
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