Esa mañana me sonreía el corazón:
Ahí estaba él, feliz y radiante.
Era una mañana de marzo fría y soleada,
Y tú estabas sentado frente a mí.
Qué mañana tan inocente aquella,
De la que no querría cambiar nada,
Alzar los ojos y verte solo a ti,
Calentarme como cercana estrella.
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