Esa sonrisa tuya.
Más bonita al natural que fingida.
Y esos dientes tuyos,
En perfecta formación, como dos filas de soldados
Ensayando en el campo cómo se hacen buenos nudos.
No me cansaría nunca de mirarlos,
Ni de tocar esa amenaza de barba que te sorprende
en la cara,
La doblegante coacción de tu lengua indiscreta,
Tu manía de quedarte dormido antes del alba
Y de salir corriendo si te escuece la infancia.
Y esas orejas tan pequeñas
Erguidas como parihuelas para el desorden de tu
cabellera.
Y esas agujas de ébano
Que mancillan los bordes de tu pronunciada nariz
Y que le devuelven la inocencia a la niebla de tu
rostro.
Yo los adoraré como harían pocos
Porque me hace feliz desperezarme a tu lado,
Saborear la mañana desde tus labios,
Esnifar el vello de tu pecho,
Brindar contigo por la fugacidad de la vida.
Por responderle a ti, que ahora me gritas
Que ora me sacudes, ora me agitas.
Y te enciendes y te apagas con el sonido de los
rieles de mis párpados.
Que finges que disparan para colarte por la puerta
de atrás.
A ti, que sé que un día de estos me dejarás
Pero te amo y me amas, mitad y mitad.
Te haces el duro y no finges que me escuchas
Patinas inseguro.
Te estrellas contra el mundo.
Pensaste en mí ayer.
No lo dudes más
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