Que nadie me cure de
esta fiebre,
De este ensordecedor
chasquido.
De la duda infinita.
Del amor
intermitente.
Porque no quiero
tener más la razón,
Ni ganar la
inexistente pelea;
Que nuestras conversaciones
las ordene el perdón,
Ni que nuestra paz
nos la provea la guerra.
Y el viento me contestó.
La primera vez, en
forma de un beso
Que rápido se volvió
mi enfermedad.
Porque cuanto más
libre eres tú,
Entonces estoy yo más
preso.
La segunda vez, en
forma de excesos,
Tus ruidos, tus
sonidos, tu chasquido.
Yo me quedé callado.
Pero tu voz me cortó
como acero.
La tercera vez fue
una pregunta
El día de los seres
infinitos.
Y entre versos de
Vetusta Morla,
Hice míos todos tus
caprichos.
Por último, fue una
carta
Mojada con tus
lágrimas.
Le dije adiós a mi
mundo marrón.
Levanté mis ojos. Te
miré a ti.
Entonces entendí lo
que el viento quería decir.
Aunque nadie lo entienda.
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